Periodicamente caigo en esas épocas donde no escribo, ni leo. Son vacaciones de la imaginación literaria que se compensan con otros pensamientos. A veces de trabajo, a veces de ocio, a veces de mi.
Cuando "no leo", quiero decir que solo leo cosas de trabajo. Artículos o libros de cosas técnicas, nada importante.
Actualmente casi todos los libros se encuentran en formato electrónico y solo se pueden leer en el cel, la compu o cualquiera de esas baratijas electrónicas que nos gustan tanto.
De repente extraño esas visitas a las librerías de libros usados. Con ediciones de libros ya agotados. Libros que han pasado por muchas mentes. A veces con anotaciones en los costados de las hojas. Otras con dedicatorias personales. Estos libros han tenido una buena vida y no se han quedado en estanterías particulares.
Recuerdo que los libros los clasifican por temas como poesía, ciencia, derecho, literatura clásica, terror y muchos más. Libros revueltos con pastas duras y sencillas, dañadas y bien cuidadas. Algunos libros encuadernados con acabados bonitos y letras doradas. Esa gran diversidad de ideas presentadas con diferentes empaques pero con los mismo símbolos del lenguaje escrito.
De los libros que compre en esas librería, a ninguno le faltaban hojas. Todos estaban completos.
Con el tiempo, varios pasaron a otras fantasías como prestamos y regalos. Unos más se convirtieron en tesoros muy preciados. Algunos simplemente fueron olvidados y murieron en alguna caja.
Los libros son como las personas, tienen su vida y sus experiencias, sus amores y abandonos. Tienen su propio mundo en la vida.
Yaljá