domingo, 29 de abril de 2012

Benditas hadas

Cuando las hadas del tequila cantan en tu cabeza mientras ves el futbol. Pero no, todo el Día han cantado.
Manejas, caminas, gritas y mientras mareado, todo adormecido en los sentidos. Que sensación tan genial.
El tiempo pasa más rápido y pronto será de noche. Pronto ya no será día de descanso y serán días mejores.
Que importa si tienes mucha gente que te aprecia y te quiere, nada es suficiente, nada cura como quisieras.
Yaljá

Las comidas solitarias

Hay ocasiones. No, corrijo. Fuera del trabajo, los fines de semana y demás días que son parecidos, mis comidas son solitarias. La comida, yo y mis pensamientos.
Esto me recuerda tanto al señor de los patos. Llegaba a su casa, siempre solo y de los sitios mas agradables de su casa era el jardín. Lleno de plantas, muchas rosas y lo mas importante, los patos.
Regresando al tema, él siempre estaba solo. Su casa limpia. Todo ordenado. Las platicas se alargaban hasta que oscurecía. Y en esas ocasiones no estaba solo y lo disfrutaba.
Por otro lado, ya suelo disfrutar mis comidas a solas. Ya qué. Alguien me dijo que soy adaptable. Pero hasta que punto lo soy. No lo se.
Cuando estoy solo me he dado cuenta que soy huraño. No acepto los malos servicios. Los detalles son mi norma. Debo caerle gordo a la gente por esto. Pero no me importa, es parte de eso de ser adaptable, aunque constantemente me persiga el Nunca más.
Yaljá

viernes, 27 de abril de 2012

Regreso a casa

El número de la bestia en la radio en medio de un gran congestionamiento vial. Demasiados autos viajando en la misma dirección. Pero lo peor de todo es que todos vamos a la fabulosa velocidad de 10 km/hr y menos. Autos, camionetas y camiones de diferentes modelos y colores. Gente cansada u aburrida. Otras desesperadas. Aunque en realidad no me importan.
Ya pasaron varias rolas y al menos no me aburro.
Claxón sin sentido, nadie va avanzar más rápido por un pitido. Sirenas a lo lejos y cerca. Le subo mas a mi radio. El único pinche escándalo que quiero escuchar es el mio. Así es un regreso a casa.
Yaljá

Hogar dulce hogar

Alguna vez que anhelo llegar a los fines de semana, donde uno se olvida de todo el trabajo, la escuela, lo que sea que hagas. El estrés y la rutina se llegan a romper en esos puentes, en las vacaciones en todos esos días de descanso.
Pero a veces ciertas personas solo tienen su vida en el trabajo. Les fue mal en lo demás y sólo son buenos en el trabajo provocando que esos días de descanso se vuelvan torturas. Agradecen que el viernes esté tan cerca del lunes.
Llegan a su casa, muchas veces una casa solitaria a la que llaman hogar y ni siquiera viven en ella, solo duermen. Esos días quieren descansar y dormir sin sueños. Que locura y tormento en un mismo lugar, en un mismo tiempo. Fuerte y odiados momentos. 
De que sirven tantos contactos en sus agendas, cientos tal vez y a veces múltiples invitaciones a salir que no aceptan.
La sociabilidad solo la tienen en su lugar de trabajo o estudio o lo que sea. Podrían parecer vidas vacías, podrían parecerme vidas vacías. Pero quién se atreve a juzgar la vida de los demás? solo los tontos lo harían.
Yaljá

Amadas caricias

Le acorralas con una violenta caricia que recorre todo su cuerpo.
Se siente atrapado en un espacio estrecho sin poder moverse. Siente tu cuerpo tibio y pide el paraíso. Sin pensarlo le golpeas con tus besos hasta aturdirle. Tus uñas rasgan su piel dejando marcas que queman de placer y tu lengua recoge los hilos de sangre curando las heridas del pasado. Nuevamente le golpeas hiriendo su piel marchita que anhela la vida. Lucha por moverse pero esta paralizado en su éxtasis, el dolor y placer no le abandonan mientras tu lengua recorre sus muslo y costado, dejando un caminito de cariño. Su dependencia y su maldición que satisfacen la lujuria de vivir en su tormento personal.
Bien amadas caricias y besos. Un toque mágico de vida.
Después, después no estás, te has ido. La falta de tu presencia le inquieta y va creciendo un sentimiento de necesitarte. Primero molesto y después una hiriente ansiedad. Los tiempos consumen su vida, lenta  y dolorosamente. Abre las fuentes de sangre, pero ahora no hay quien recoja su vida que algún día compartió y ya no  le importa, deja que salga libremente y se funda con la tierra donde vive, como un tributo a su inocencia. Poco a poco la luz desaparece y la felicidad se incrementa. Roja vida que da la libertad deseada. Ya no necesita nada más, es feliz.
Yaljá

martes, 24 de abril de 2012

Armonías de mi mundo

Cuando no queda nada, la música es un refugio, de las miles de rolas solo unas pocas son adecuadas para uno y para el momento. Esas que no hacen recordar ni sentir, que son para mantenerte en el mundo por un tiempo. Tal vez por poco tiempo.
Subes el volumen y empieza a lastimar los oídos, tal vez hasta provocar un dolor de cabeza, pero la melodía y el dolor te cubre y te protege de los fantasmas que te persiguen.
Sublime música que trata de curar y no lo logra, sólo adormece los temores y las pesadillas. Ritmos caóticos y veloces que retumban en la piel, acarician el alma negra de los desgraciados y calientan lo que queda del corazón. Riffs decadentes que cortan la piel. Cada nota es acorde con cada hilillo de sangre resbalando por la piel. Dolor que adormece los pensamientos y abotarga los sentidos.
El mundo es tan pequeño y solitario. Donde existe la música hiriente y gratificante. Que puede haber más allá, sólo vacío y más negrura. Algunas estrellas brillantes tan lejanas que ni la música les alcanza. Algunas han visitado el mundo, pero roban tus sueños y te abandonan.
Lujuriosa eternidad de notas armónicas en el tiempo. Nunca más.
Yaljá

sábado, 21 de abril de 2012

Soy nadie y estoy a tu lado

...he vivido demasiado, he visto pasar el tiempo. No recuerdo el amanecer. He visto el alma de la gente, negras y llenas de odio, de envidia, llenas de amor e indiferencia. Almas con la locura del egoísmo.
Ante mi sus vidas se han marchitado, su recuerdo poco a poco se va olvidando hasta desaparecer. Eso es ser un humano. Sus almas son salvadas y descansarán con el arquitecto. Serán felices.
Otros somos condenados y no iremos a ningún lado. No recuerdo la sensación de ser feliz. Sólo soy un asesino de sueños. Los robos y los pisoteo frente a sus dueños que bajan su mirada. Nunca me ven a los ojos. Soy invisible y me muevo a su alrededor haciendo que se estremezcan. Que vuelva el miedo y les invada. Que se decepcionen de su ínfima existencia. Soy a quien adoras y llamas en tus sueños. Susurra mi nombre y estare a tu lado.
Yaljá.

viernes, 20 de abril de 2012

viaje al paraíso

... sientes su mano en tu rostro, ahhh la sensación más deliciosa que puede haber. Es sentirse querido y formar parte de su mundo. 
Una colisión de sentimientos que se funden en tu cuerpo y sientes más atracción y tu amor arde violentamente. Solo hay ojos para ti, se concentra en ti, hay palabras cariñosas que te derriten y simplemente sientes que le amas de una manera que no puedes ocultar y lo gritas de todas las formas posibles. 
Los abrazos son tibios, los besos son hermosos. 
Los cuerpos se funden y eres feliz. Sabias lo que se siente ser feliz? La respuesta es un NO absoluto. 
Sientes y sabes que te ama. No existe duda alguna.
Abres los ojos y esta oscuro,  pero los pájaros están haciendo sus ruidos matinales. Volteas a tu izquierda y derecha. Estas solo en tu cama, en tu habitación. Sólo ha sido un sueño. Sólo es un sueño y eso nunca sucederá en el mundo real. Eres un tonto.
Yaljá

jueves, 19 de abril de 2012

La espera en el tiempo

El tiempo pasa volando, al menos eso dicen por ahí.
Más bien el tiempo lo percibimos de diferentes maneras a lo largo del día o de mayores periodos como la semana, el mes, o el año. Todo depende de que estamos haciendo o que estamos sintiendo.
Si estamos trabajando en algo que tenemos que entregar a cierta hora, parece que el tiempo pasa muy rápido, pero cuando esperamos a que nos den un resultado de algo que es muy importante el tiempo se alarga, parece eterno.
En otras ocasiones, cuando se tiene una cita importante(del tipo que sea) y esta convenida a una hora específica; con tiempo preparamos nuestro camino para llegar al lugar, planeamos cuando debemos de encaminarnos a ese sitio. Si llegamos tarde, por cualquier cosa, entonces nacen emociones como la frustración. Pero es más impactante cuando se llega antes, porque empieza a nacer un nerviosismo, una desesperación por que ocurra la cita. Si a parte de la anticipación existe un retraso por causa de la otra parte, entonces ese nerviosismo se incrementa y hasta puede causar enojo y la tranquilidad no se da hasta mucho después.
Otra situación es cuando nos cancelan la cita. Puede causar desde un sentimiento de tranquilidad, porque no queríamos tener la cita porque inseguridad, porque no teníamos algo que mostrar de trabajo u otra cosa. Pero cuando si lo teníamos y necesitábamos esa cita, el nerviosismo pasa a ser enojo y a veces buscamos quien nos la pague. Estas dos posibilidades podrían ser las más sanas situaciones porque si resulta que no es enojo lo que sentimos y más bien es decepción. Ya valío madre. Esa decepción después se convertirá en tristeza y podría ser que la decepción nunca desaparezca y cambie muchas cosas que pudieron haber sucedido.
En resumen, tenemos los humanos y aproximaciones a humanos una pinche mente loca, aunque no se nos note.
Yaljá

martes, 17 de abril de 2012

La lectura

Leer un libro es abrir la mente a la Imaginación y el conocimiento. Prefiero la primera porque no hay justificaciones que analizar ni conocimientos previos.
Entre todos esos temas están los sobrenaturales, donde a los personajes se les dan atributos de dioses. Pueden volar, ser inmortales y hasta en cierto sentido justificar nuestros miedos.
Se crean seres fantásticos y a veces malévolos. Pero quien se atreve a decir que alguien es bueno o malo. A decir qué es el bien y qué es el mal.
De esos personajes se ha escrito de los vampiros, y las buenas historias por lo general tratan de dramas, donde el amor está presente. Dracula es un ejemplo de que su maldad esta regida por el amor. En su soledad y naturaleza asesina por mucho tiempo. Se va degenerando hasta convertirse en lo que es. Hasta que encuentra una reencarnación de su amor perdido. Llega el momento de sacrificarse a ser solitario por siempre. Pero el amor es suficientemente fuerte para superar todo y es liberado al final.
Es miedos a la oscuridad son grandiosos y dan cabida a las mas terribles historias.
Todo es escrito y compartido y cada oración es una alegoría al sentimiento y se forman las historias en la imaginación.
Afortunados son los que comparten su imaginación con libros tan buenos.
Yaljá

lunes, 16 de abril de 2012

Transformando los días

Platica y más platica. Días enteros que te visitan, mucha gente interesada en contar sus problemas, en qué utilizan su tiempo y demás. Se sienten bien, se desahogan, y hay que entenderlo. Hay que hacerlos sentir fuertes. Que son la autoridad en lo que hacen. En que son los mejores en el área en que trabajan.
Pero y yo qué? Absorbiendo todo. Transformándolo en buenas cosas. Ahhh un trabajo laborioso y sin recompensa. Solo la idea de que eres importante y ayudas a los demás. Y al final, por la noche sentir que ha sido un buen día pero no hubo ni una palabra de cariño para ti. Solo queda el deseo de enbriagarte y poder dormir y si despiertas estar con nuevas fuerzas y hacerlo de nuevo. Que buena y deliciosa es la vida.
Yaljá

sábado, 14 de abril de 2012

Recuerdos acumulados

Cuando uno ha vivido por mucho tiempo en un lugar, uno empieza a llamarle hogar. Conoces cada rincón de los cuartos, cada mueble. Vez como van apareciendo grietas o hasta manchas en las paredes. Restauras la casa y así se va manteniendo por mucho tiempo.
Cuando inicias un cambio en tu vida y llegas a una casa, por lo general no hay muchos muebles, pocas cosas. Algunos recuerdos de tu vida pasada.
Va pasando el tiempo. Hay cosas que nos regalan. Hay cosas que compramos, souvenirs de viajes. Muchas cosas diferentes. Cada una va ocupando un espacio en esa casa y se va construyendo un hogar a base de recuerdos y momentos. Compras un libro, el mundo se expande y cambia un poquito como lo ves. Lo guardas en el librero. Pero sabes que ahí están determinadas ideas, en una parte de esa casa.
Cada que entras a la casa reconoces los recuerdos y le llamas hogar. Continuamente hay que renovar ese hogar, a veces solo regalando objetos, otras tirandolos porque han perdido su valor. Y continuamente llegan nuevos
Hay ocasiones que esos recuerdos no llegan a la casa y durante años no hay gran cosa. Solo los muebles solitarios sin un toque de recuerdos sin nada, pero aun así uno le llama hogar. Un hogar solitario y vacío. Pero a fin de cuentas, tu hogar.
Yaljá

miércoles, 11 de abril de 2012

Pastillas

Resfriado de mierda que ataca mi cuerpo y es necesario buscar medicamento. Pastilla cada ocho horas, dice la caja. Perdí la cuenta y no recuerdo a que hora he tomado la mas reciente. Nueve treinta de la noche y hora de salir. Pero antes una pastilla. Llueve a madre un estacionamiento hacia pachuca. Empiezo a perder los sentidos y le subo el volumen a la musica. Creo que alucino un poco. Pinche gripe

Recuerdos nocturnos


Noches sin sueños, donde la locura está presente y las sombras bailan alrededor con gran frenesí. Los pensamientos van y vienen torturando la memoria. Dulces recuerdos de tiempos pasados que quedan como lapidas para recordar los fracasos.
Suave viento que baña el campo y quema mi piel sin piedad con sus aullidos  salvajes y violentos. Lugar donde los fantasmas personales vagan y se burlan del mundo, danzan y queman sus voces.
Los segundos pasan tranquilamente y son marcados en cifras repetitivas y binarias para el mundo.
Los segundos se acumulan y suman minutos y a su vez horas. El tiempo no es nada ante los recuerdos que en la mente duran un minuto  y en el mundo son horas. Realidad incoherente y sarcástica, burlona. Sólo una luz amarillenta y pálida rompe la negrura de la noche y cubre mi vida llena de lapidas y el anhelo de dormir y no despertar, ¡nunca más!.
Yaljá

lunes, 9 de abril de 2012

Motivo para estar


Lo más anhelado son las altas horas de la noche o tal vez mejor decir de la madrugada, cuando el cansancio domina y los pensamientos son incoherentes y el cuerpo pide a gritos dormir un poco, viajar y librarse del mundo vulgar. Donde no hay motivo para estar.
El viaje inicia, tibio, reconfortante, sanador, sin sentimientos buenos o malos. Los ruidos de fondo se van desvaneciendo, se van sustituyendo por los ruidos del muy particular cielo e infierno. Ruido conocido y desconocido. Por fin se logra la tranquilidad y el deseo de no regresar y la sensación de olvido se incrementan y dominan. No se necesita nada, ni un auto deportivo, ni una persona que te ame, simplemente no se necesita nada ni a nadie. Se es feliz. 
Sin avisar, sin pedir perdón por interrumpir un sueño profundo en el mar de la tranquilidad. Llega con un resplandor ardiente y sensual. Diosa que le perteneces, como una luna hiriente de recuerdos y melancolía. Un abrazo cálido y firme, uñas desgarrando su piel y dejando hijitos de sangre, gemidos sensuales de lujuria insana e inmortal. Aroma de poder sobre alguien libre y olvidado. Todo termina en fuego frío y cenizas de los recuerdos no vividos.
Algún momento no regresará y será su hogar y por fin será feliz y perfecto.
Yaljá

viernes, 6 de abril de 2012

Mundo Perfecto


… un cielo azul intenso, como los ojos de un mar tranquilo. Nubes juguetonas que forman figuras conocidas y misteriosas. El horizonte inmenso, sin fin. Donde se funden el cielo y la tierra. Una tierra cubierta de verde: pasto, hojas, pequeños árboles que viven y son felices.
El tibio viento rozando mi cuerpo. El aroma de las plantas inundando mis sentidos. Alrededor todo es vida. Una vida apacible. 
El sol tan brillante, tan poderoso, tan imponente pero que no me lastima al regresarle la mirada. Que mundo tan perfecto, es el Mundo de los Muertos.
Yaljá

Sombras


¿Qué pasa cuando no te sientes parte del mundo? cuando sientes que no tienes alas y deberías estar volando libre, cuando en un grupo eres invisible.
Pero no solo invisible para un grupo pequeño, sino para el mismo mundo. Cuando caminas por la calle, y resulta que eres como una sombra moviéndose discretamente sin que las personas te miren o se percaten de tu existencia. La música que escuchas, las películas que adoras son tan diabólicas y son tan diferentes a lo que escucha le gente común. Cuando eres el bicho raro y cuando te llegan a ver te hacen preguntas estúpidas: ¿Porque siempre vistes de negro?, “hoy te ves diferente, no se que sea. Tal vez el traje”. Es deprimente.
Pero en realidad, se es parte de las sombras, del misterio del mundo y de repente te asocian y dicen que eres misterioso. Pasas a ser esa lampara violeta atrayendo insectos indefensos y te apropias de ellos. En realidad se es poderoso, manejas los miedos de los demás. Puedes susurrar al oído “soy la locura y soy tu amigo. Si te atreves a acercarte y me tocas, nunca escaparas de mi”. 
Tus alas existen y puedes volar, y sueñas con despegarte de la vida para ser más poderoso y sensible. 
Serás un Emperador en la oscuridad.
Yaljá

miércoles, 4 de abril de 2012

Vera


En esos pensamientos oscuros es inevitable recurrir a los seres sobrenaturales y míticos. Esos seres nocturnos que poco a poco invaden el día y la vida. Vera es un cuento corto, donde se relata la historia de romance, donde cada palabra es una delicia de sentimientos y de locura de lo sobrenatural ...
Vera
A La Señora Condesa D’ Osmony
La forme du corps lui est plus 
essentielle que sa substance.
La fisiología moderna.
El amor es más fuerte que la Muerte, ha dicho Salomón: sí, su misterioso poder es ilimitado.
   Era una tarde de otoño en París, en estos últimos años. Alrededor del sombrío barrio de Saint-Germain, los carruajes ya iluminados, rodaban retrasados, después del paseo por el Bosque.  Uno de ellos se detuvo frente al portal de un gran y señorial palacete, rodeado de jardines seculares; la cimbra estaba rematada en un escudo de piedra con las armas de la antigua familia de los condes D’Athol, a saber: campo azulado con una estrella plateada, y la divida Pallida Victrix, bajo la corona ribeteada en armiño del tocado principesco.  Los pesados batientes se abrieron.  Un hombre de treinta y cinco años, de luto, con el rostro mortalmente pálido, descendió del carruaje.  En la escalinata, servidores taciturnos sostenían candeleros en alto.  Sin verlos, subió los peldaños y entró.  Era el conde D’Athol.
   Vacilante, subió la blanca escalera que conducía a esa habitación donde, la misma mañana, él había acostado en un ataúd de terciopelo y envuelto en violetas, entre nubes de batista, a su dama voluptuosa, su pálida esposa, Vera, su desolación.
   En lo alto, la dulce puesta giró sobre el tapiz; él deslizó el cerrojo.  Todos los objetos estaban en el lugar donde la condesa los había dejado la víspera.  La Muerte, súbita, la había fulminado. La noche anterior, su amada se había deslizado en placeres profundos, se había perdido en tan exquisitos abrazos, que su corazón, mellado por las delicias, sucumbió.  De pronto sus labios se tiñeron de un púrpura mortal.  Apenas tubo tiempo de dar a su esposo un beso de despedida, sonriendo, sin decir una palabra.  Luego, sus largas pestañas, como velos de luto, descendieron sobre la hermosa noche de sus ojos.
   El día sin nombre había pasado.
   Cerca del mediodía, el conde D’Athol, después de la horrible ceremonia en el panteón familiar, despidió en el cementerio al enlutado cortejo.  Luego, encerrándose solo con la amortajada, entre los cuatro muros de mármol, cerro la puerta de hierro del mausoleo.  Ante el ataúd, se quemaba incienso en un trípode; una corona luminosa de candiles rodeaba la cabezo de la joven difunta.
   Él, de pie, ensimismado, con el único sentimiento de una ternura sin esperanza, había permanecido allí todo el día.  Hacía las seis de la tarde, en medio del crepúsculo, salió del lugar sagrado. Cerrando el sepulcro, arrancó de la cerradura la llave de plata, y alzándose sobre el último escalón del umbral, la dejó caer en el interior del mausoleo.  La había lanzado sobre las baldosas interiores a través del trébol que coronaba el pórtico.  ¿Por qué lo había hecho?... De seguro, luego de una decisión misteriosa de no regresar jamás.
   Y ahora él volvía a ver la viuda habitación.
   La ventana, tras los enormes cortinajes de cachemira malva con brocados de oro, estaba abierta, un último rayo vespertino iluminaba, en un marco de madera antigua, el gran retrato de la difunta.  El conde miró a su alrededor, el vestido echado la noche anterior sobre el sillón; encima de la chimenea, las joyas, el collar de perlas, el abanico a medio cerrar, los pesados frascos de perfume que ella no volvería a respirar.  Sobre la cama de ébano y de sinuosas columnas, permaneció derrotado, junto a la almohada en donde todavía podía verse la huella de la cabeza adorada y divina entre los encajes.   Advirtió el pañuelo enrojecido por las gotas de sangre en el que su joven alma había alentado por un instante; el piano abierto sosteniendo una melodía para siempre inacabada; las flores indias recogidas por ella en el invernadero, morían dentro de los viejos floreros de Sajonia; y, al pie de la cama, sobre una piel negra, las pequeñas chinelas de terciopelo en las que brillaba, bordada en perlas una risueña divisa de Vera: Quien verá a Vera la amará. ¡Ayer en la mañana los pies desnudos de la bien armada jugaban con ellas, besados a cada paso por la pluma de cisne!  Y ahí, ahí en la sombra, el péndulo, al cual le había quitado el resorte para que no tocara nunca otra hora más.
   ¡Ella se había ido!...  ¿Adónde?...  ¿Vivir ahora? ¿Para qué?... era imposible, absurdo.
   Y el Conde se sumergía en extraños pensamientos.  Evocaba su vida pasada.  Seis meses habían transcurrido desde la boda.  ¿No fue en el extranjero, durante un baile de embajada, cuando la vio por primera vez?... Sí.  Ese instante resucitaba frente a sus ojos, nítido.  Ella se le aparecía radiante.  Esa noche, sus miradas se encontraron.  Ellos se reconocieron íntimamente de la misma naturaleza, para amarse por siempre.
   Las conversaciones decepcionantes, las reiteradas sonrisas, las insinuaciones, todas las dificultades que suscita el mundo para retrasar la inevitable felicidad de aquellos que se pertenecen, desaparecieron ante la tranquila certeza que en ese mimo instante tuvieron el uno del otro.
   Vera, hastiada de esas sosas ceremonias, del galanteo con que la asediaban, había ido a su encuentro a la primera oportunidad, simplificando así, de manera augusta, los banales trámites en que se pierde el precioso tiempo de la vida.
   ¡Desde las primeras palabras, las vanas apreciaciones de los galanes ignorados se le antojaron un vuelo de pájaros nocturnos entrando en las tinieblas! ¡Qué sonrisas cambiaron!  ¡Qué inefables abrazos!
   Sin embargo, su naturaleza era en verdad de las más extrañas. E  eran dos seres dotados de maravillosos sentidos, pero exclusivamente terrestres. Las sensaciones se prolongaban en ellos con una inquietante intensidad. Se olvidaban de sí mismos a fuerza de experimentarlas.   Por el contrario, ciertas ideas, las del alma, por ejemplo la del infinito, la de Dios mismo, estaban como veladas a su entendimiento. La fe de un gran número de gente en las cosas sobrenaturales no era para ellos sino un tema de vagos asombros; carta sellada de la que no se preocupaban, no teniendo calidad para condenar o justificar. Así reconociendo que el mundo les era ajeno, se habían aislado, poco tiempo después de su unión, en ese viejo y sombrío palacete, donde el espeso de los jardines amortiguaba los ruidos venidos del exterior.
   Ahí los dos amantes se sumergieron en el océano de los goces lánguidos y perversos en los que el espíritu se mezcla con la carne misteriosa.
   Agotaron la violencia de los deseos, los estremecimientos y las ternuras locas. Hicieron una palpitación de sus seres. En ellos el espíritu se hendía de tal modo en el cuerpo que sus formas les parecían intelectuales y los besos, como mallas ardientes, los encadenaban en una fusión ideal. ¡Qué prolongado éxtasis! De pronto se rompía el encanto; el terrible accidente los desunía; sus brazos se habían separado. ¿Qué sombra le había arrebatado su alma de los violoncelos desaparece con el sonido de una cuerda que se rompe?
   Pasaron horas.
   Miraba por la ventana cómo la noche avanzaba por el cielo, y la noche le parecía personal; la imaginaba como a una reina marchando melancólicamente al exilio, y el broche de diamantes de túnica de duelo, Venus, sola, brillaba por encima de los árboles, perdida en la profundidad del azul.
   -Es Vera- pensó.
    A este nombre, pronunciado en voz baja, se estremeció como hombre que se despierta; luego, irguiéndose, miró en torno suyo.
   Ahora los objetos de la habitación estaban iluminados por una luz imprecisa, la de una lámpara que azulaba las tinieblas y que de noche, desde lo alto del firmamento, hacía aparecer aquí como otra estrella. Era la veladora, con aroma a incienso, de un ícono, reliquia familiar de Vera. El tríptico, de una vieja madera preciosa, estaba suspendido por una estantería rusa entre el espejo y el cuadro. Un reflejo dorado caía vacilante desde su interior sobre le collar entre las joyas de la chimenea.
   El nimbo de la Madona vestida de azul cielo, brillaba rosáceo por efecto de la cruz bizantina, cuyas finas y rojas líneas, fundidas en el reflejo, sombreaban con un tinte de sangre el oriente alumbrado de las perlas. Desde u infancia, Vera admiraba, con sus grandes ojos, el rostro maternal y puro de la hereditaria Madona, y al no consagrarle otra cosa que un supersticioso amor, se lo ofrecía a veces, ingenua, pensativamente, cuando pasaba ante la veladora.
   El conde, ante su visión, conmovido por dolorosos recuerdos hasta lo más secreto de su alma, se levantó, sopló rápidamente la luz santa, y a tientas, en la oscuridad, extendió la mano hacia un cordón, y llamó.
   Apareció un sirviente: era un viejo vestido de negro; llevaba una lámpara, que colocó junto al retrato de la condesa. Cuando se volvió, sintió un temblor de supersticioso terror al ver a su señor de pie, sonriente, como si nada hubiese pasado.
   -Raymond- dijo tranquilamente el conde-, esta noche la condesa y yo estamos agotados; sirve la cena a las diez. Hemos resuelto voluntariamente aislarnos aún más desde mañana. Ninguno de los sirvientes, excepto tú, debe pasar la noche en el palacete. Les entregarás el sueldo de tres años y que se retiren. Luego cerrarás el portal, encenderás las lámparas de abajo, en el comedor; tu nos bastarás. A partir de hoy no recibiremos a nadie.
   El viejo temblaba y lo miraba atento.
   El conde encendió un cigarro y salió a los jardines.
   Al principio, el sirviente pensó que el dolor, demasiado profundo y desesperado, había trastornado el espíritu de su amo. Lo conocía desde su infancia; comprendió en seguida que le choque de un despertar brusco podría ser fatal para el sonámbulo. Su deber, debía ser respetar ese secreto.
   Bajó la cabeza. ¿Una complicidad consagrada a ese religioso ensueño? ¿Obedecer?... ¿Continuar sirviéndole sin tomar en cuenta la Muerte? ¡Qué extraña idea!... ¿Soportaría toda una noche?... Mañana, mañana... ¡Ah! ¿Quién sabe?...¡Quizá!... ¡Extraordinario proyecto, después de todo!... ¿Con qué derecho reflexionaba?...
   Salió de la habitación, ejecutó las órdenes al pie de la letra y, aquella misma noche, la insólita existencia comenzó.
   Se trataba de crear una ilusión terrible.
   La torpeza de los primeros días desapareció rápidamente. Raymond, primero con estupor, después con una especie de cortesía y de ternura, se las había ingeniado tan hábilmente en parecer natural, que no habían transcurrido tres semanas cuando se sintió, por momentos, engañado por su buena voluntad. ¡La verdad oculta palidecía! A veces experimentaba una especie de vértigo, y tenía necesidad de decirse que la condesa en realidad estaba muerta. Se tomaba en serio ese juego fúnebre y olvidaba a cada instante la realidad. Muy pronto necesitó más de una reflexión para convencerse. Vio que terminaría por abandonarse al peligroso magnetismo con el que el conde impregnaba poco a poco la atmósfera que los rodeaba.
   Tenía miedo, un miedo suave e indeciso.
   En efecto, ¡D’Athol vivía en la absoluta inconsciencia de la muerte de su amada! No podía sino encontrarla siempre presente; hasta tal punto la forma de la joven se mezclaba con la suya. Algunas veces, en un banco del jardín, los días de sol, leía en voz alta las poesías que a ella le gustaban; otras, al caer la noche, junto al fuego, las dos tazas de té en el velador, charlaba con la sonriente ilusión sentada, a sus ojos, en el otro sillón.
   Transcurrieron rápido los días, las noches, ls semanas. Ni uno ni otro sabían lo que estaban haciendo. Frecuentemente ocurrían fenómenos singulares, en los que era difícil saber en qué punto lo imaginario y lo real se diferenciaban. Una presencia flotaba en el aire; una forma se esforzaba por aparecer, por hacerse visible en un espacio que se había hecho indefinible. D’Athol experimentaba una doble vida, como un iluminado. Un rostro dulce y pálido, entrevisto como un relámpago, instantáneo como un abrir y cerrar de ojos; un débil acorde súbitamente interpretado al piano; un beso que le cerraba los labios en el momento en que iba a hablar; afinidades de pensamientos femeninos de pronto se le ocurrían como respuesta a lo que decía; sentía en su ser un desdoblamiento como inmerso en una niebla fluida, el perfume vertiginosamente dulce de su amada junto a él; y por la noche, entre la vigilia y el sueño, palabras oídas en voz muy baja; todo la advertía. ¡Era una negación a la Muerte, elevada por fin a una potencia desconocida! Una vez, D’Athol la vio y l sintió tan cerca de sí, que la tomo en sus brazos; pero ese movimiento la disipó.
   -Pequeña- murmuró sonriendo.
   Y se volvió a dormir como enamorado enojado con su amante, feliz y soñolienta.
   El día de su cumpleaños, como broma, puso una siempreviva en el ramo de flores que dejó en la almohada de Vera.
   -Ya que se cree muerta...- dijo.
   Gracias a la profunda y todopoderosa voluntad del conde D’Athol, quien, a fuerza de amor, forjaba la vida y la presencia de su esposa en el palacete solitario, esa existencia había terminado por cobrar un sombrío encanto. El mismo Raymond no sufría ningún espanto, habituado gradualmente a esas impresiones.
   Un vestido de terciopelo negro percibido en el recodo de un pasillo; una voz risueña que le llamaba en el salón; el toque de la campanilla por la mañana, al despertarse, como antaño; todo esto se le había hecho familiar. Se hubiera podido decir que la muerta jugaba a hacerse invisible, como una niña. ¡Ella se sentía amada! Era muy natural.
   Pasó un año.
   La tarde de aniversario, el conde, sentado junto al fuego en la habitación de Vera, acababa de leerle un cuento florentino: “Calímaco”. Cerró el libro. Después, sirviéndole té, dijo: 
   -Douschka, ¿te acuerdas del Valle de las rosas, de las orillas del Lahn, del castillo de las Cuatro Torres?... ¿No te los ha recordado esta historia?
   Se levantó y, en el espejo azulado, se vio más pálido que de costumbre. Tomó un brazalete de perlas y las observó detenidamente. ¿No se las había quitado Vera hacía un momento, antes de desvestirse? Las perlas estaban tibias todavía y su oriente era más suave, como por el calor de su piel. ¡Y el ópalo del collar siberiano que amaba el bello seno de Vera hasta palidecer mórbidamente en su montura de oro cuando la joven lo olvidaba algún tiempo! Antaño la condesa amaba por eso a la piedra fiel... Esa tarde el ópalo brillaba como si ella acabara de quitárselo y como si el exquisito magnetismo de la bella difunta lo penetrara todavía. Dejando el collar y la piedra preciosa, el conde tocó por azar el pañuelo batista, cuyas gotas de sangre estaban húmedas y rojas como claveles sobre la nieve...
   En el piano, ¿quién había vuelto la página final de la antigua melodía? ¡Si la veladora del ícono había vuelto a encenderse! Sí, su llama dorada iluminaba místicamente el rostro con los ojos cerrados de la Madona . Y esas flores indias, recientemente recogidas, que se desmayaban en los viejos floreros de Sajonia, ¿qué mano venía de colocarlas? La habitación parecía alegre y dotada de vida, de una manera más significativa e intensa que de costumbre. ¡Pero ya nada podía sorprender al conde! Todo le parecía tan normal, que no prestó atención siquiera que sonaba la hora en el reloj parado desde hacía un año. Se hubiera dicho que desde el fondo de las tinieblas, la condesa Vera se esforzaba adorablemente por volver a aquella habitación embalsamada por su recuerdo. ¡Había dejado en ella tanto de sí misma! Todo cuanto había constituido su existencia la atraía. En aquel cuarto flotaba su encanto; las violencias desencadenadas por la voluntad de su esposo sin duda habían desatado los vínculos débiles de lo invisible.
   Se le necesitaba ahí. Estaba ahí todo lo que amaba.
   Deseaba venir a sonreírse una vez más ante el espejo misterioso, donde tantas había admirado su rostro de lis. La dulce muerta, allá abajo, se había estremecido entre las violetas, bajo las lámparas apagadas; la divina muerta había temblado sola en su tumba, mirando la llave de plata arrojada sobre las baldosas. ¡También ella quería regresar con él! Y su voluntad se perdía en la idea del incienso y del aislamiento. La Muerte no es una circunstancia definitiva sino para quienes esperan el cielo; pero la Muerte, el Cielo y la Vida, ¿todo eso no eran para ella los abrazos de ambos? El beso solitario de su esposo atraía sus labios en la sombra. Y el antiguo sonido de las melodías, las palabras embriagadas de antaño, las telas que cubrían su cuerpo y guardaban su perfume, esas piedras mágicas que la querían con oscura simpatía, y, sobre todo, la enorme y absoluta impresión de su presencia, opinión compartida finalmente por las cosas mismas, todo la llamaba ahí, la atraía ahí desde hacía tanto tiempo y tan insensiblemente que, curada al fin de la Muerte, ¡sólo faltaba Ella!
   ¡Ah! ¡Las ideas son seres vivos!... El conde había dibujado en el aire la forma de su amor, y era preciso que el trazo se completara con el único ser que le era homogéneo; de lo contrario, el Universo se hubiera desplomado. En ese momento tuvo la impresión definitiva, simple, absoluta, de que ella tenía que estar ahí, en la habitación. Estaba tan seguro de ello como de su propia existencia, y todas las cosas que le rodeaban estaban colmadas de esa seguridad. ¡Se veía! Y como sólo faltaba Vera misma, palpable, visible, era preciso que ella apareciera ahí y que el gran Sueño de Vida y de la Muerte entreabriese por un instante sus puertas infinitas. ¡EL camino de la resurrección era enviado hasta ella por la fe! Un fresco estallido de risa musical iluminó con su alegría el lecho nupcial; el conde se volvió. Y ahí, ante sus ojos, hecha de voluntad y recuerdo, acordada en la almohada de encajes, sosteniendo con una mano sus pesados cabellos negros, la boca deliciosamente entreabierta en una sonrisa llena de voluptuosidades, bella hasta enloquecer, la condesa Vera, todavía un poco adormecida, lo miraba.
   -¡Roger!...- dijo con voz lejana.
   Se acercó a ella. ¡Sus labios se unieron con gozo divino, olvidadizo, inmortal!
   Y entonces advirtieron que en realidad no eran sino un solo ser.
   Las horas rozaron con un extraño vuelo aquel éxtasis donde se unían por vez primera, la tierra y el cielo.
   De pronto el conde D’Athol se estremeció conmovido por una reminiscencia fatal.
   -¡Ah! ¡Ahora recuerdo!...- dijo -¿Qué me sucede? ¡Pero si estás muerta!
   Al pronunciar estas palabras, la mística veladora del ícono se apagó. La pálida luz de la mañana, lluviosa y gris, penetró en la habitación por los cortinajes. Las velas palidecieron hasta apagarse, dejando una humareda acre; el fuego desapareció bajo una capa de cenizas tibias; las flores se marchitaron en un instante; el péndulo del reloj retornó a su inmovilidad. La certidumbre de los objetos desapareció súbitamente. El ópalo, muerto, ya no brillaba; las gotas de sangre se habían secado en el pañuelo de batista; y entre los brazos desesperados que querían en vano retenerla, la ardiente y blanca visión entró en el aire y desapareció. Un débil suspiro de adiós, lejano, llegó hasta el alma de Roger. El conde se irguió; acababa de darse cuenta de su soledad. El sueño se disolvió de golpe; había roto el magnético hilo de su radiante trama con una sola palabra. Ahora la atmósfera estaba colmada de difuntos.
   Como lágrimas de vidrio, agrupadas ilógicamente, tan sólidas que un golpe sobre su parte más ancha no las rompería, pero que rápidamente se convierten en polvo si se les golpea por su extremo más fino, todo se había desvanecido.
   .¡Oh!- murmuró -. ¡Todo ha terminado! ¡Perdida y sola! Ahora, ¿cuál es el camino para regresar? ¡Indícame la senda que puede conducirme a ti!
   De repente, como respuesta, un objeto brillante cayó del lecho nupcial, sobre la piel negra, con ruido metálico. Un rayo del horrible día lo inspiró... El abandonado se inclinó para recoger el objeto, y una sonrisa sublime iluminó su rostro al reconocerlo: era la llave del mausoleo.

         --------

Una de las costumbres que adopte por culpa del pesado tránsito vehicular de las noches, es la de escuchar podcasts en el carro, durante el trayecto del trabajo a casa. Pero cuando estos ya no fueron suficiente busque más alternativas y encontré los audiolibros. !Otro pinche mundo¡. La costumbre de leer y a veces volver a leer lo leído y toda esa imaginación a tope, ahora con  los audiolibros todo es movimiento e imaginación.
Con los audiolibros, es escuchar la voz de alguien, leyendo, mientras un wey te echa las luces o a webo se quiere meter a tu carril. Pero esas cosas dejan de tener importancia y sólo le dejas pasar, y sonríes pensando "que te den un latigazo neurónico por el trasero", haciendo referencia a los látigos que usan en las novelas de Asimov.
Ya que mencione a Asimov, es de los autores de las novelas que transforme a audiolibros con un software mas o menos bueno. La voz se escucha sintética pero entretiene con las narraciones. 
Uno de los temas que expuse en mi clase de inteligencia artificial fue el tratamiento de lenguaje natural, tema que coincide con la transformación de los libros a voz y también con las mismas novelas de Asimov.
Particularmente las que tratan de robots, como Madre tierra, Bóvedas de acero, El sol desnudo, y otras más. A lo que voy es que se narran historias donde algunos de los protagonistas son robots, que por seguridad y cultura siguen las tres leyes de la robótica: 
Primera Ley: un robot no puede dañar a un ser humano, o, por inacción, permitir que un ser humano llegue a ser lastimado. 
Segunda Ley: un robot debe obedecer las órdenes dadas por un ser humano, excepto cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley. 
Tercera Ley: un robot debe proteger su propia existencia mientras dicha protección no entre en conflicto con la Primera o Segunda Ley.
Después de leerlas y entender los ejemplos y situaciones que pasan en las historias, uno ya empieza a comprender como funcionan y porque tanto problema y que es lo que hace interesantes a dichas novelas. Como decía, ya después de varias novelas de Asimov y lo de la clase de inteligencia artificial, uno comienza a razonar y concluir que esos robots son extremadamente buenos. Como lo es la primera Ley, el robot debe de entender el significado de cada palabra y de la oración completa debe entender si significado y contexto con la gente con que convive. Es decir que esta súper recontra cabrón crear un software de tratamiento de lenguaje natural para que una máquina entienda y aplique tan sencilla oración. Bueno hay que tener en cuenta que actualmente no se tiene a disposición un cerebro positrónico. 
Suponiendo que para esas tres leyes se cambie la palabra robot por persona y humano por perro, las tres leyes serían extremadamente complejas para que una persona las entienda y las pueda aplicar. Conclusión: esta cabrón eso de que un robot entienda las tres leyes y las aplique.
Esto me hizo recordar que a mis alumnos les costo un webo programar un analizador léxico, y eso que han demostrado ser buenos para la computación. 
Como cultura general es que un analizador léxico es  el elemento más sencillo del tratamiento de lenguaje natural.
No he dicho que eso de que un robot comprenda las tres leyes es imposible, pero para hacerlo posible será necesario esperar a que se tenga un procesador con procesamiento paralelo y un sistema de base de datos muy muy grande que en conjunto podríamos llamar un cerebro positrónico.
Yaljá

El despertar de las neuronas


Cada movimiento que tu cerebro ordena y que tus manos no hacen, termina por desesperar. Esto es un indicio de que tu mente está atrofiada o poco entrenada para coordinar simples movimientos de tu cuerpo.
Pero con un poco de ensaño y paciencia, las neuronas se van conectando por si solas y los dedos responden cada vez con más rapidez y precisión.
La vista se conecta con reacciones que no son reflejos inconscientes, y esas reacciones son la coordinación con los dedos que hacen que tu puntaje aumenta. No solo el puntaje, sino también se incrementa la adicción. Hasta que en los dedos aparecen callos y te duelen las muñecas. Que adictivos son los juegos de consola.
Golpeas al oponente, golpeas la mesa junto a ti. El mundo a tu alrededor no existe, solo esos escenarios virtuales donde descargas tus emociones y tus habilidades.
Que buen ejercicio es el de los juegos, pero en exceso te hace descuidar otras actividades; y cuando esto pasa es tiempo de apagar la consola.
Y solo sueñas en manejar y transformarte en Yaljátor.
Yaljá

martes, 3 de abril de 2012


... lentamente sin dar aviso, sin darse cuenta profano un pequeño espacio. Dejo su blasfemo código que rápidamente creció sin dar oportunidad a nada. Inutilizando todo lo que tocaba, desbordando la locura y jactándose que está presente. 
Alarga sus finos dedos para perturbar la armonía de la vida, arrancando los sueños, la alegría... arrancando el futuro. 
Cruel pesadilla de un fuerte bebé inocente que nos sostiene a todos.
Yaljá

Nuevamente...


... nuevamente está en mis sueños burlándose e invadiendo mis pensamientos, desnuda y perfecta. Acercándote, rozando los recuerdos y sentimientos.
Tocando mi mano y entrelazando sus dedos con los míos en una unión eterna que solo el despertar interrumpirá y después la sensación se conservará.
Nuevamente somos un sólo ser, las sonrisas y palabras son nuestras. 
Su doloroso calor me tranquiliza como siempre lo hace, o más bien como siempre lo hizo. 
Su fragancia es mía.
Qué deliciosa tranquilidad que aleja los temores y preocupaciones.
Tu aroma de muerte.
Yaljá

de viaje, miércoles 13 de octubre de 2010


Un par de meses ya tenía planeado participar con un artículo en un congreso en Chihuahua. Los planes eran no hacer el viaje, así como siempre lo hago, mando a alguien para que lo exponga, pero bueno no esta de más salir un poco de la ciudad a lugares desconocidos (claro, por mi) y dejar a un lado el trabajo cotidiano. 
Como era de esperarse aceptaron el artículo y un mes antes reserve hotel y compre los boletos de avión, está de weba el viaje en camión. 
Todo iba normal hasta un par de días antes de la salida, son sensaciones de que “ ya es hora”. Eso me pone un poco “inquieto”, y un día antes, por la noche, prepare mi maleta. Muda de ropa para 3 días y siempre con la inquietud de “¿Se me olvida algo?”. Finalmente no se me ha olvidado nada. Mis planes los seguí tal cual, lo cual creo que es de mis cualidades, la planeación de cosas. Total que el día de la salida, llegamos al aeropuerto con dos horas de anticipación, casi exactas, tampoco soy tan mamila para que sea exacto y preciso. Documente y la espera fue comiendo una ensalada con mucho queso y un Tom Colins (mi bebida favorita).
La puerta de salida no estaba definida así que nos pidieron que media hora antes de la salida estuviéramos en la sala M, obvio M de mamila.
Al pasar la puerta para las salidas hay mucha revisión, y resulta que la puerta sonó y yo ya sin monedas, llaves , o sea, nada metálico, total que me pasaron el detector y por todos lados sonaba. El vigilante se aprovecho, ¿y bueno que es tantito?
Apareció cual era la puerta de salida o entrada al avión, como se quiera ver. Los primeros en subir fueron los de asientos premier. Lo mismo que en el cine, entran primero los weyes con tarjeta dorada.
Asiento 10B, a la altura de las turbinas y a la izquierda. Primer pensamiento: Nos damos en la madre, explota esto y estoy en primera fila para la rostizada.
Ya dentro del avión llego esa sensación de nostalgia por dejar por unos días el lugar donde ocurre mi vida. Es la sensación de conocer nuevos lugares, nuevas personas, del simple hecho de viajar en avión. Será la sensación de estar tan atado a una ciudad.
Los pensamientos mientras ocurren el viaje van al pasado, van a los viajes anteriores, las cosas que gustaron y las que se olvidan a voluntad.
Al llegar trato de adivinar cual será el olor de la ciudad, será seco húmedo, frío, que sensación da. ¿Cómo es la gente?
Nada decepciona pues todo es nuevo y lo que queda es adaptarse a todo.
Yaljá