Se siente atrapado en un espacio estrecho sin poder moverse. Siente tu cuerpo tibio y pide el paraíso. Sin pensarlo le golpeas con tus besos hasta aturdirle. Tus uñas rasgan su piel dejando marcas que queman de placer y tu lengua recoge los hilos de sangre curando las heridas del pasado. Nuevamente le golpeas hiriendo su piel marchita que anhela la vida. Lucha por moverse pero esta paralizado en su éxtasis, el dolor y placer no le abandonan mientras tu lengua recorre sus muslo y costado, dejando un caminito de cariño. Su dependencia y su maldición que satisfacen la lujuria de vivir en su tormento personal.
Bien amadas caricias y besos. Un toque mágico de vida.
Después, después no estás, te has ido. La falta de tu presencia le inquieta y va creciendo un sentimiento de necesitarte. Primero molesto y después una hiriente ansiedad. Los tiempos consumen su vida, lenta y dolorosamente. Abre las fuentes de sangre, pero ahora no hay quien recoja su vida que algún día compartió y ya no le importa, deja que salga libremente y se funda con la tierra donde vive, como un tributo a su inocencia. Poco a poco la luz desaparece y la felicidad se incrementa. Roja vida que da la libertad deseada. Ya no necesita nada más, es feliz.
Bien amadas caricias y besos. Un toque mágico de vida.
Después, después no estás, te has ido. La falta de tu presencia le inquieta y va creciendo un sentimiento de necesitarte. Primero molesto y después una hiriente ansiedad. Los tiempos consumen su vida, lenta y dolorosamente. Abre las fuentes de sangre, pero ahora no hay quien recoja su vida que algún día compartió y ya no le importa, deja que salga libremente y se funda con la tierra donde vive, como un tributo a su inocencia. Poco a poco la luz desaparece y la felicidad se incrementa. Roja vida que da la libertad deseada. Ya no necesita nada más, es feliz.
Yaljá

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