viernes, 24 de agosto de 2012

Paseo por la vida

Desde las alturas puedo observar la vida.
Veo los detalles.
Veo los sentimientos.
Veo el alma de la gente como brilla, como se apaga y renace con dulce inocencia.
Bajo del cielo, y me acomodo en las alturas de una torre de una iglesia. A mi lado me acompaña una cruz de piedra fría y sin esencia.
El viento frío rasga mi rostro y sonrío. Una sonrisa burlona y descarada.
Los pensamientos son variados y vanos. Dinero, posición, lujuria. Pensamientos pecaminosos y sin sentido.
Los niños es otro asunto, inocentes, sin preocupaciones. Sus pensamientos son felices, su corazón es feliz, su alma está llena de vida. Benditos niños.
Sólo espero a los elegidos. Que sus vidas sin sentido sean mías. Pronto serán míos, serán míos sus rencores, sus tristezas y remordimientos. Serán alimento de los perros y les convertiré en seres con inocencia infinita. Seres felices.
Yaljá

miércoles, 1 de agosto de 2012

El viento de mariposas

Como un sueño, recostado en un prado inmenso, solo. Nada de árboles, nada de flores ni otra vegetación que no sea un césped. A lo lejos se escucha el canto de los pájaros. Invisibles y fantasmales. El viento acaricia mi piel al ritmo de mi respiración. Suave. Profunda.
Nada me inquieta. Solo es la tranquilidad que se puede tener en un sueño.
Las nubes se mueven lentamente, cambian su forma a cada instante. Cubren el cielo y en ciertos momentos dejan al descubierto al sol o al cielo azul.
Han pasado horas, no! no!, tal vez días o tal vez años enteros en mi contemplación de ese mundo tan tranquilo. El tiempo ha perdido su significado.
Algo sucede, mi cuerpo entero se estremece. Mi ropa, toda negra es como parte de mi piel. Observo tranquilamente como mi cuerpo se va disolviendo, se va convirtiendo en polvo que se lleva el viento. El polvo se convierte en pequeñas mariposas negras que se van, que me abandonan. Que me abandonan como lo hace mi vida.
Yaljá

Camino a la locura

Una roca cerca de la orilla del mar sirve como asiento para que descanse y se sumerja en sus recuerdos.
Los pies desnudos tocan juguetonamente el agua complaciente y tibia. La noche le rodea en la luz plateada de la luna. Los reflejos en el agua le dominan. Aparecen uno aquí, otro allá.
Su mirada se pierde en el agua. Los días pasados se pierden a cada instante y el odio se desvanece en el tranquilo mar y se acerca a la locura.
Yaljá