miércoles, 1 de agosto de 2012

El viento de mariposas

Como un sueño, recostado en un prado inmenso, solo. Nada de árboles, nada de flores ni otra vegetación que no sea un césped. A lo lejos se escucha el canto de los pájaros. Invisibles y fantasmales. El viento acaricia mi piel al ritmo de mi respiración. Suave. Profunda.
Nada me inquieta. Solo es la tranquilidad que se puede tener en un sueño.
Las nubes se mueven lentamente, cambian su forma a cada instante. Cubren el cielo y en ciertos momentos dejan al descubierto al sol o al cielo azul.
Han pasado horas, no! no!, tal vez días o tal vez años enteros en mi contemplación de ese mundo tan tranquilo. El tiempo ha perdido su significado.
Algo sucede, mi cuerpo entero se estremece. Mi ropa, toda negra es como parte de mi piel. Observo tranquilamente como mi cuerpo se va disolviendo, se va convirtiendo en polvo que se lleva el viento. El polvo se convierte en pequeñas mariposas negras que se van, que me abandonan. Que me abandonan como lo hace mi vida.
Yaljá

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