lunes, 9 de abril de 2012

Motivo para estar


Lo más anhelado son las altas horas de la noche o tal vez mejor decir de la madrugada, cuando el cansancio domina y los pensamientos son incoherentes y el cuerpo pide a gritos dormir un poco, viajar y librarse del mundo vulgar. Donde no hay motivo para estar.
El viaje inicia, tibio, reconfortante, sanador, sin sentimientos buenos o malos. Los ruidos de fondo se van desvaneciendo, se van sustituyendo por los ruidos del muy particular cielo e infierno. Ruido conocido y desconocido. Por fin se logra la tranquilidad y el deseo de no regresar y la sensación de olvido se incrementan y dominan. No se necesita nada, ni un auto deportivo, ni una persona que te ame, simplemente no se necesita nada ni a nadie. Se es feliz. 
Sin avisar, sin pedir perdón por interrumpir un sueño profundo en el mar de la tranquilidad. Llega con un resplandor ardiente y sensual. Diosa que le perteneces, como una luna hiriente de recuerdos y melancolía. Un abrazo cálido y firme, uñas desgarrando su piel y dejando hijitos de sangre, gemidos sensuales de lujuria insana e inmortal. Aroma de poder sobre alguien libre y olvidado. Todo termina en fuego frío y cenizas de los recuerdos no vividos.
Algún momento no regresará y será su hogar y por fin será feliz y perfecto.
Yaljá

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