Mi vista se aclara, es el atardecer o tal vez el amanecer.
Mi cuerpo desnudo se quema con el frío y un dolor inmenso en la espalda. Mis gritos de dolor empiezan a cubrir el sonido del viento mientras mi piel se desgarra y la sangre se pierde en el cielo.
Extremidades crecen en mi espalda. Se inyectan mis ojos de sangre y el dolor sublime los convierte en un negro profundo.
Las extremidades se convierten en unas alas enormes, negras y poderosas.
Siento cada centímetro de la piel. Cada molécula de mi cuerpo arde y está viva. Mi letanía de la caída despierta y explota en un solo instante de tiempo. Mis alas se abren y detienen mi caída.
Ahora es de noche, la oscuridad lo cubre todo, pero lo veo todo. No siento nada, ni miedo, ni felicidad, ninguna emoción. No siento remordimiento por los ángeles asesinados. Solo soy libre.
Yaljá

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