En cualquier etapa de la vida, uno compra cosas o nos las regalan y solo algunas, así muy especiales, son las que nos gustan. Estos objetos si son ropa, los usamos. Llega el momento en que se empiezan a descoser, aparecen manchas, aparecen pequeños hoyos. No faltará alguna persona cercana a nosotros que nos critique y señale que es “ropa vieja y hay que tirarla”. Pero a nosotros nos gusta y por ello llegaremos hasta la última posibilidad para usarla. Qué difícil es deshacernos de algo material que nos gusta. Esto me recuerda a Toy History 3, cuando el niño decide regalar su juguete preferido a una niña.
Cuando se trata de una persona, la cosa se vuelve dramática. Si la persona que no queremos dejar ir se va a ir por un largo tiempo, los días antes de su partida se vuelven tan cortos y muy emotivos, se ve cada detalle de la persona y se evita hablar de su viaje. Al acercarse el día de la separación, empieza a nacer una angustia que va carcomiendo lentamente y al momento de partir, la despedida se hace larga, estresante y llena de abrazos y consejos. Días después se va formando un sentimiento de extrañar mucho a esa persona. Pero el saber que tiempo después se e volverá a ver es un consuelo y ayuda a sobrellevar su falta.
Cuando se deja ir a una persona y sabemos que es para siempre, la situación se vuelve más que dramática. Primero es la inseguridad de lo que esta pasando, hay enojo, hay impotencia, y cuando sucede el rompimiento, el enojo crece tan rápido como la tristeza y aparece un sentimiento de abandono.
No importa si uno se deshace de todas las cosas materiales que le relacionan con esa persona. Esta sigue estando presente.
Cada objeto material de esa persona que vayamos tirando y sacando de nuestra vida, es dejarle ir, poco a poco. Hasta que sólo quedan los sentimientos, que son los más difíciles de olvidar. Quien olvida a una persona rápidamente por el medio que sea, tal vez sustituyendole con alguien más, es porque simplemente no fue importante en su vida.
Si no sucede lo anterior, los sentimientos permanecerán mucho tiempo, tal vez para siempre, y uno se quedará con la esperanza de volverle a ver, sabiendo que eso nunca pasará, porque ya se le dejo ir ...
Yaljá
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